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miércoles, 13 de agosto de 2014

I


La carretera es una bestia, un tren de explosiones, una herida constante. De noche ruge quebrando el silencio verde del eucaliptus. En la madrugada gime con modestia, como dos amantes sellando su frustración clandestina. Es como un río de problemas, entrega trabajo, conecta. Una herida navegable. Los que tienen más dinero o prestigio o mejores herramientas para solventar sus aspiraciones miran a Valparaíso y hacia allá viven sus vidas. Educan a sus hijos, acceden a la salud. Para otros ir a Viña es un lujo, algo exótico y placentero. Los demás hacen su vida hacia Casablanca. La Playa es un limbo, territorio liminal hecho de fragmentos, pareciera que sus habitantes nunca dejan de viajar, aun en la quietud de sus rutinas.

(Del cuaderno de campo La Playa 2014)

domingo, 10 de agosto de 2014

Orientaciones Teóricas II


         Declaramos entonces que nuestra principal orientación teórica y epistémica está dada por la necesidad de descubrir y relatar dicha verdad que es en si misma la conjunción del momento visitante y narrativo, donde el tiempo ha de doblarse sobre si mismo para establecer su esencia cristalina, el ojo y la voz del etnógrafo en terreno han de convertirse en una misma llama para hacer de la verdad no una declaración (sea esta dudosa o irrefutable) sino un momento germinal y trascendente, una verdad que con la mano y con la voz del Amauta Mariatégui decimos al transeúnte “la verdad de nuestra época es la Revolución. La revolución que era para los pobres no sólo la conquista del pan, sino también la conquista de la belleza, del arte, del pensamiento y de todas las complacencias del espíritu.”1 y es en esta conquista de la belleza y en esta revolución cuando recurrimos a la poesía y al caudal creador de sus grietas azules en la configuración narrativa de nuestra experiencia vital en terreno en tanto “la poesía es un arma cargada de futuro” 2.




          Y precisamente ese futuro ha de brotar en la presente lectura y en la posibilidad de reducir las dificultades de la vida de los Playinos (así como de los habitantes de la Playa chica y de los colonos pentecostales de la Playita) traspasando esto o no a la opción de mejorar las políticas públicas de la comuna de Casablanca relativas a la integración de la población rural o ya sea a la reivindicación de su modo de la vida, el empoderamiento o la denuncia, los caminos son diversos cuando el objetivo es ambicioso y sin embargo no ponemos en duda la importancia de nuestra propuesta.




         Aún en la frenética descripción de la quietud más consecuente, resulta necesario atender a la sutileza de nuestros contenidos y aclarar que un tema permanente en la organización de estos escritos es la posibilidad de amar, ser amado, ser felices y compartir esa felicidad. Las titanicas luchas de los habitantes de La Playa para vivir al costado del camino son las herramientas con las que los pueblos luchan por vivir felices y amando, así como toda historia es el teatro de operaciones de una batalla por vivir con relativa felicidad, es válido cuestionarnos, en el medio de la experiencia etnográfica, la posibilidad de las utopías, de la ternura y de las relaciones al calor de las particularidades de cada diversidad.

1 Véase https://www.marxists.org/espanol/mariateg/1925/escena/05.htm

Orientaciones Teóricas

"Muchos de los informes etnográficos que preparan los antropólogos chilenos son similares a la tradicional composición que debe realizarse, en los colegios del país, en nuestro especial mes de marzo, en la asignatura de Castellano, titulada ¿Qué hicimos en el verano? No es nuestra intención desmerecer a los escolares" (Olivares: 1995 p. 22)


     Toda investigación se presume tributaria de un acerbo de contenidos previos y definidos, de la tradición científica positiva y universal, del pensamiento de Galileo (preso en su torre sin ver en la oscuridad las hogueras ptoloméicas) de la división sujeto-objeto y la eterna consigna de Comte que clamaba por Orden para hacer posible aquel progreso infinito que prometió la burguesía al conquistar la realidad hace ya casi tres siglos. Nada escapa a este designio y resulta de mala educación el pretender que la disciplina antropológica ha de escapar a su pasado colonial colonialista (Stauder: 1975) como sustento de una ideología genocida, digamos la verdad sin adornarla.

     Muros han caído (y se han alzado) desde entonces, manifiestos se han firmado en el fuego constructor y como respuesta a una historia de omisiones útiles y construcciones frágiles una nueva antropología debe emerger, sembrada en todo lo bueno de nuestra historia y consciente de los errores y los horrores, comprometida con una ética práctica en el relativismo cultural y en la necesidad de construir conocimiento para la liberación de pueblos oprimidos y opresores. "Necesario es para nuestro tiempo, crear una antropología libertaria", (Olivares: 1995 pp. 35) no por ello panfletaria o mero recurso de movimientos ecologístas (con todo un mundo de respeto) sino libertaria en el sentido más profundo de sus pretensiones y logros en la exposición de la diversidad (de las diversidades) para hacer posible allí donde el vacío lo hace posible la convivencia cariñosa entre los pueblos.

     El doble viaje del etnógrafo se encuentra dado por la posibilidad de alejarse de sus concepciones de normalidad y de sus hábitos más estables para abrirse paso hacia la alteridad presupuesta por un pueblo que no es el suyo. Es un viaje en el espacio y en el tiempo, donde es posible recorrer miles de kilómetros o un par de cientos con la misma opción de aterrizar en la diversidad patente, así como los tiempos y los ritmos se han de transformar, llamando a la extrañeza, a la perplejidad o a la sorpresiva noción de lo familiar allí en lo ajeno. Un doble viaje que subsiste bajo el imperativo de volver del viaje y narrar lo vivido, a modo de testimonio que se sustenta en la autoridad del etnógrafo viajero.





     Es en este momento cuando planteamos nuestra ruptura con la tradición testimonial de nuestra disciplina y con el lenguaje académico corroído por los mecanismos del poder administrativo, que inhibe la posibilidad y desvía la misión del antropólogo de conocer para luego describir, la realidad más allá de las posibilidades limitadas operacionalmente por un tipo de relato informe y coercitivamente neutro. "Sin conocer la realidad eterna, jamás comprenderemos el profundo, diverso, complejo y real significado de los diversos estilos de vida, sobre ellos cuales yace nuestro país" (Ibidem: 26)





     Utilizaremos la poesía como llave para hacer hablar al otro y a los otros, pues "la poesía es el hondo susurro de los asesinados" y es la opción de quienes se reconocen subalternos al poder para disputar la lógica de la bondad y la sabiduría.

     Aquel lenguaje críptico y sectario que cultivaron y se cultivó durante décadas y siglos en las academias e institutos reales de investigación hoy será invadido por las huestes bárbaras de la poesía y las torres burguesas serán depuestas y puestas al servicio de las mayorías, que robustas de vivir entre las hambres y los fríos se han dispuesto a embellecer la creación con su siembra humana de la verdad.
 
Texto extraído de mi informe de terreno "La Playa 2014" que el profesor no corrigió, ramo reprobado, mala cosa.